
El vestuario de Amparo Grisales en la serie Las muñecas de la mafia ha sido de las cosas que más le han gustado de su personaje: “el trabajo del departamento de arte fue impecable gracias a la ropa y accesorios propios de la mujer de un narco, que siempre tenían un toque de ‘lobería’ en cada una de las escenas”.
Pero no sólo fue la pinta, lo que hizo que Amparo lograra salirse de los personajes que siempre había interpretado, porque con la caracterización de Lucrecia, tuvo que ‘agarrarse’ del pelo con las jovencitas que querían quitarle a su esposo: “yo venía de hacer un papel muy blanco, el de Alejandra Aguirre en Madre luna, una mujer trabajadora con dignidad y templanza, y ahora vine para hacer un personaje que hace parte de nuestra cultura”, comentó Amparo, que afirma haberse divertido en este rol de “muñeca”.
Fuente: Canal caracol

Amparo Grisales: la única, la incomparable, la Diva
Un viaje a los secretos de una de las mujeres más deseadas de la televisión colombiana.
El escenario no podía ser más exótico. Un sol deslumbrante que reflejaba las siluetas sobre la arena y el ruido de las olas que golpeaba fuertemente contra las rocas en Playa Blanca.
A dos horas de Ciudad de Panamá. Con un paso cadencioso y digno de quien se sabe una estrella, a la que le gusta que la observen con respeto, apareció más radiante que nunca Amparo Grisales. Fresca, arrolladora y dispuesta a entregarlo todo.
Sí, es ella. La única, la incomparable, la Diva (y así se debe escribir: en mayúscula). La misma que ha recorrido caminos largos, a veces estrechos y otros tantos espinosos, para llegar al honorable puesto que hoy ocupa. La misma que se ganó la etiqueta que muchas quieren tener, pero que les ha sido esquiva.

Sus escándalos sentimentales no se quedan atrás. Por ejemplo, su sufrido matrimonio con el pintor argentino Germán Tessarolo, con quien se casó siendo menor de edad. Huyó a escondidas y sacó todas las cosas cuando él no estaba. Sus amigos recuerdan que ella sentía que él quería encerrarla en una jaula de cristal.

Se casó cuando era menor de edad, tuvo un romance con Julio Iglesias, hizo las primeras escenas lésbicas de la televisión y se endeudó por mil millones con el Estado. Su nombre es sinónimo de escándalo.
A mediados de los 70 salió ligera de ropas, por primera vez, en La mala hora. En la escena, le hacía unos nudos a las sábanas y bajaba "desnuda" de un balcón. Lo que pocos saben es que esto se filmó de noche y que ella vestía una trusa color piel pegada al cuerpo, que la cubría del cuello a los pies.

Este "churrito", como la llamaban en Bogotá, era, y sigue siendo, la dueña de unas curvas espectaculares que paralizaban a los hombres y ponían furibundas a las mujeres. Sumado a ello, un desparpajo sin precedentes en las reinas del espectáculo colombiano y una manera franca de referirse al sexo sin tapujos, gracias a su buen humor, le valieron un lugar único de soltera indómita.

Por Carlos Vallejo
Símbolo sexual, a lo largo de la historia, ha habido muchos. Y en Colombia, entre otros, van desde Virginia Vallejo a Sofía Vergara y Natalia París. Pero sólo uno ha logrado durar 30 años en esa categoría. Y es precisamente esa permanencia la que ha hecho que Amparo Grisales merezca un puesto en esta lista.
En una actividad donde cada año aparece una generación de mujeres voluptuosas que desplazan a las del año anterior, a Amparo nadie la ha desbancado. Como símbolo de la mujer sensual está fuera de concurso.